El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde (Anaya)

¿Es Oscar Wilde Dorian Gray? ¿Es el pintor Basil Hallward? ¿O se trata de Lord Henry? ¿Y si el reputado escritor es los tres personajes a la vez?

Como un juego de magia y misterio, de bruma y fantasía, se mezcla lo real con lo ideal entre luces, sombras y claroscuros de corte estético, descriptivo y reflexivo. Y todo, con diálogos de alto nivel filosófico e intelectual. Así nace a finales del siglo XIX una de las obras cumbres de la literatura universal. El retrato de Dorian Gray es la única novela del también poeta, dramaturgo y ensayista, considerada por su propio autor como la obra perfecta. Tanto es así que auspició su trágico final, apresado años más tarde por sodomía después de enamorarse de un joven aristócrata, admirador de su talento. Fue entre las rejas del penal Reading (Berkshire, Reino Unido) donde compuso su epístola De Profundis y el poema La Balada de la cárcel de Reading.

dorian-gray

Cualquier obra de Oscar Wilde es digna representante del arte hecha palabra pero es en El retrato de Dorian Gray donde su capacidad alcanza dimensiones extraordinarias. La búsqueda de la belleza, el conflicto estético frente al espiritual y una honda presencia del alma humana le dan sentido y esencia última a esta inolvidable historia.

El pacto de Dorian con su retrato en el arranque de la novela para conservar la belleza suprema se revela como el paradigma de la eterna juventud. Una entelequia que lo lleva a cometer auténticas atrocidades mientras se aprovecha de la admiración de los demás. Gray representa el mito de Narciso y a su vez ese pacto con el diablo del Fausto neoclasicista de Goethe.

De amor y muerte trata esta obra considerada una de las últimas novelas góticas. Aunque se hace difícil clasificar una narración casi atemporal porque, como bien explica Harry en uno de los magníficos diálogos que exploran los vértices del arte y del alma humana, definir es limitar.

            —Nuestra raza encarna la supervivencia del empuje.

            —Ha habido un progreso.

            —La decadencia me fascina más.

            —¿Y el arte?—preguntó ella.

            —Es una enfermedad.

            —¿Y el amor?

            —Una ilusión.

            —¿La religión?

            —El elegante sustituto de la esperanza.

            —Eres un escéptico.

            —¡Jamás! El escepticismo es el principio de la fe.

            —¿Qué eres?

            —Definir es limitar.

            —Dame una pista.

            —El hilo puede romperse, y te perderías en el laberinto.

Hedonismo, filosofía y psicología se encuentran en esta gran composición sobre el yo interior. Un halo de fantasía y misterio envuelto en crimen, arte y belleza deja la lectura de un relato que ha logrado superar el paso del tiempo conservando su vigor y su plena juventud, tal y como si se hubiese escrito hoy. ¿Será la maldición de El Príncipe Encantado? Bastan tres frases para atestiguarlo.

Hay algo terriblemente morboso en la comprensión moderna del dolor.

Estar enamorado es sobrepasarse a uno mismo.

Los libros que el mundo considera inmorales son libros que muestran al mundo su propia vergüenza.

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