¡Oh, esto parece el paraíso!, John Cheever (Debolsillo)

Quizá lo más destacado de la obra de John Cheever sean sus cuentos, pero ¡Oh, esto parece el paraíso!, la última novela que publicó con vida, ha sido considerada por muchos su gran obra maestra, la culminación a una de las carreras más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX, por su estilo narrativo y la esperanza final que deja el poso de su lectura.

Cheever se aleja de cualquier amargura para contar la historia de Sears, un hombre adulto que se encuentra en el ocaso de su vida. Aunque más que un libro de personajes este es un libro de lugares, un libro casi ecologista, como el propio autor lo definió, y adelantado a su época (1982).

El escenario principal es la laguna Beasley, un lugar que Sears defiende del expolio y la contaminación, un futuro incierto. Unos promotores inmobiliarios quieren convertirla en un vertedero. A Sears le gusta patinar sobre el hielo cuando llega el invierno a este lugar. La belleza del paisaje y el entorno despierta su instinto protector.

Un gran nivel estético impregna toda la novela, tanto en lo emocional como en lo técnicamente narrativo. Sears se enamora de la joven Renée sin considerar su edad, solo su propia capacidad para amar profundamente. Y cuando la flor naciente de una relación termina por secarse, aparece una aventura homosexual con un desconocido.

¿Qué le ocurre? Sears acaba en el psicólogo para poder comprender este episodio en un acierto cómico de psicoanálisis en el que no cabe un segundo para el drama. Esa feliz luminosidad del protagonista aun cuando el ambiente se vuelve pantanoso arranca una tierna sonrisa en los labios e invita a descubrir una actitud ante la vida contenida en una aparente sencilla y breve historia, de contenido profundo y dilatado. Belleza para los sentidos.

“La buscó, buscó su luminosidad, como en toda su larga vida había buscado mujeres hermosas en los aeropuertos, las estaciones de trenes, los embarcaderos y ahora en una casa parroquial. La vio, luminosa como siempre, y fue hacia ella, y ella aceptó su brazo mientras salían por la puerta y él llamaba un taxi en la avenida.”

“Era como si la mayor parte de lo que sabía del amor le hubiese sido revelado mientras oía la música de la lluvia. Lloviznas, chubascos, lluvias torrenciales e inundaciones parecían unidas en su memoria con el amor, aunque nada de eso cruzó sus pensamientos esa noche, mientras se bañaba cuidadosamente y se vestía.”

“No soporto a la gente que se aprovecha de la amabilidad de los demás. Es como el fascismo. No es que esté quebrantando las normas. Es que la mayoría de nosotros somos demasiado amables para hacer nada al respecto.”


 

“El paisaje había recuperado su belleza. No era particularmente destacable, pero un siglo antes habría servido como telón de fondo para el Edén o incluso para los campos de Eleusis, con solo añadir unas diosas desnudas y unos sátiros”.

 

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