La piel de la revuelta, Jordi Sierra i Fabra (SIF Editorial)

La piel de la revuelta parte de un hecho histórico ocurrido a principios del siglo XX en la fábrica de la Colonia Güell, un espacio concebido como colonia industrial, con las casas de los obreros integradas y con vida social y cultural propias. Era la Cataluña modernista y progresista, de cuando los empresarios velaban por el bienestar de sus trabajadores. Un niño de 11 años es víctima de un terrible accidente laboral y sufre graves quemaduras por todo su cuerpo. Los trabajadores son llamados a donar su propia piel para poder salvar al pequeño. No tardan en alzarse decenas de voluntarios, incluso los hijos de los dueños son los primeros en apuntarse en esa lista de empleados que acabarían recibiendo condecoraciones por su solidaridad y entrega. El suceso quedaría escrito en las páginas de la historia como el fet de la pell.

Con la maestría, solidez y lucidez de un genio que conoce el terreno, con la experiencia del experto y con una sensibilidad solo al alcance de los grandes artistas, Sierra i Fabra vuelve a novelar este hecho histórico con el que recupera un episodio insólito y de apasionante contexto, para hablar de una época, de un sueño, de amor y de lucha. Lo consigue a través de la historia familiar de Esteve y Ventura, dos hermanos contrapuestos pero unidos; el héroe y el antihéroe.

Ambos conviven en el seno de una familia humilde, de trabajadores.  Una madre revolucionaria y un padre abnegado a su empleo en la fábrica. Una hermana que no puede tener hijos y un hermano mayor que siempre ha guardado recelos de la actitud esquiva de Ventura, un rebelde sin causa.

Mientras Esteve se ofrece voluntario para donar su piel y entra a formar parte de la lista de héroes de la Colonia Güell, Ventura decide abrirse paso y buscar su propia suerte en Barcelona. Con él, el lector se adentra en un viaje apasionante por los albores del sindicalismo y el anarquismo que desembocarían en los sucesos de la Semana Trágica. Una ciudad bulliciosa, llena de luces y de sombras, un fiel retrato de la memoria histórica y de su espíritu de libertad que todavía late con fuerza en el presente. El ADN del territorio envuelve los engranajes de este libro que, en su versión en lengua catalana, ha sido reconocido con el premio Néstor Luján de novela histórica.

Al otro lado de los sueños, se suceden las tramas amorosas, las conquistas de lo individual y de lo colectivo. Hay burdeles, amantes, bombas, nacimientos  inesperados, enemigos y viajes a la vuelta de la esquina. La lucha de clases como telón de fondo. El poder oprimiendo a los más débiles, la batalla por la supervivencia de los ideales al margen de las barricadas.

La piel de la revuelta es un cóctel explosivo que avanza de forma trepidante hasta alcanzar el bálsamo final que calma la tempestad. Y como siempre, leer a Sierra i Fabra es calentarse junto al fuego de la hoguera sin llegar a abrasarse por las llamas. Un motor de energía capaz de ofrecer toda la dimensión de la idea que supone estar vivo. Una aventura tan inolvidable como imprescindible.

“Las calles de Barcelona rebosaban vida.

Pero sobre todo las Ramblas, el bullicio de su entorno, desde el puerto a la plaza de Catañula pasando por la Boquería o las calles que la atravesaban perpendicularmente, como Portaferrisa, Hospital o la del Carme. Los hombres bebían y fumaban en los bares y tabernas, las mujeres paseaban por aquel universo de luz, el más brillante jamás imaginado. Los puestos de flores, entre los palacios de viejo y nuevo cuño, saludaban con sus colores e invitaban con sus aromas. A ambos lados de la calzada central, el tráfico era un reto. Tranvías eléctricos, coches, automóviles, tílburis, victorias, landós, carretelas, bicicletas… A veces se asombraba del ruido, otras sentía que ya formaba parte de él. Todo el mundo parecía tener prisa, saber a dónde iba. Pero los y las paseantes se distinguían del resto por su parsimonia, la sonrisa del ocio y la vaguedad de cada paso. Incluso la mezcla resultaba heterogénea y singular.”

“Pero bajo la primera impresión de aquella Barcelona luminosa, radiante, viva y próspera, comenzaba a ver la otra realidad, la del silencio, la miseria, la desigualdad social. La colonia y la fábrica, con su modelo único, quedaban tan lejos como La Tierra de la Luna. En Barcelona había hambre, un enjambre de obreros sin trabajo a los que se sumaban cada día los muchos que llegaban de toda la región o de zonas de España aún más depauperadas, como Andalucía, Murcia o Extremadura. A mayor cantidad de mano de obra, surgía una mayor explotación de los obreros por parte de los patronos.

Barcelona era una mecha siempre dispuesta para ser prendida.

Y él huía de los fuegos.”

“Este va a ser un siglo de grandes y profundos cambios. Un siglo de guerras revolucionarias, de lucha por la igualdad. El siglo de las máquinas y la industrialización plena.

Tenía que decidir si formaba parte de los cambios o se dejaba arrastrar por ellos, si esperaba o se lanzaba, si aceptaba la sumisión que la mayoría le preparaba o se rebelaba. “

“Barcelona cambia tanto día a día que en ocasiones los acontecimientos se sumaban unos a otros. La visita del Rey, la polémica al negarse el alcalde interino Albert Bastardes a engalanar el Ayuntamiento, la inauguración del Palau de la Música, la del Lawn Tennis Diagonal, la del inicio de las obras de la Reforma, la avenida que permitiría unir el puerto con la Catedral y la plaza de Urquinaona…

Se construía en todas partes, se abrían calles a ambos lados del paseo de Gracia, el Ensanche crecía, los edificios modernistas rivalizaban en buen gusto y elegancia.

Solo allí, en el corazón de la ciudad, a ambos lados de las Ramblas, la vida continuaba casi igual, apretada, detenida en un abrir y cerrar de ojos.

La vida, la muerte bajo el clamor de las bombas y el amor al amparo del silencio.”

“Norberto Valdemar le había empezado a enseñar a jugar al ajedrez. Decía que era el juego de la vida. Un rey limitado a moverse despacio, una reina capaz de volar de un lado a otro arrasando cuanto encontrara a su paso, unos caballos, torres y alfiles complementarios entre sí, y los peones, siempre sacrificados, pero capaces de decantar una victoria bajo su influencia. Todos los cánones, leyes, paradigmas y normas de la vida se movían en aquel tablero.

Y si resultaba ser como decía el señor Valdemar, Beatriz no era la reina, sino el rey.

Él entonces sería el caballo, elegante, de movimiento errático y esquivo, imposible de predecir.”

“Maura se había ultraderechizado; los lerrouxistas, ganadores de las elecciones municipales del 2 de mayo, los socialistas, los anarquistas, los catalanistas de Esquerra… todos actuaban en bloque contra la monarquía. Y los defensores de ella, por una vez, preconizaban la misma creencia: si España enviaba tropas al Rif, en defensa de unos intereses privados y de los pocos que los ostentaban, el país se abocaría a la revolución.”

“Los rumores se habían disparado hasta convertir Barcelona en un avispero y los aledaños del puerto en un volcán dispuesto a entrar en erupción de un momento a otro. Esteve no dejaba de pensar en las palabras de Mariano Galve unos días antes, al hablar de que la mecha estaba a punto de ser prendida. Ahora todo se precipitaba, las movilizaciones, las voces airadas, las lágrimas, la rabia, y todo ello bañado por una angustiosa resignación que los crispaba. El batallón de Cazadores de Barcelona, la Brigada Mixta de Cataluña, el escuadrón de Treviño, el mixto de Ingenieros, el primer regimiento de Montaña… Las tropas ya estaban a punto. El muelle Baleares iba abrigando, poco a poco, a hombres, mujeres y niños de rostros constreñidos. Las siluetas de Montevideo y del Buenos Aires se recortaban en las aguas del puerto y en el cielo, con sus cascos dispuesto a engullir a los soldados. Las barcazas esperaban, moteaban su proximidad de desazón. Comenzaba lo inevitable. Y seguiría.

Solo era el comienzo.”

“—Estaban muy asustados mientras se anunciaban los disturbios en todos los barrios y los primeros muertos. Asustados pero también rabiosos y, después, poco a poco, responsables. Me han dicho que hasta Ossorio y Gallardo ha reconocido la respuesta de la gente a la política represora del Gobierno al que sirve. Lo cual no quiere decir que deban poner todo su empeño en aplacar los ánimos.

—He visto barricadas, un tranvía quemado, humo de incendios y mucha gente por el Ensanche. He tardado mucho en llegar hasta aquí, una enternidad dando rodeos. Esto ya no es una huelga, tiene razón.

—De la sedición a la revolución hay un paso muy pequeño, amigo Ventura. Si se proclama la República…”

“—Hemos perdido —fue sincero su hermano—. Somos ya muy pocos, y mañana ellos serán diez mil o más. ¿No ves que hemos luchado solos? ¡Tres días! —y se lo repitió—… ¡Tres días peleando! ¡Tres días y ningún líder político ha estado a nuestro lado, ni los nacionalistas! ¡Lo hemos hecho solos! Nadie nos arrebatará esto. Pero ya no hay huelga, y jamás ha habido sedición o revolución. Solo la rabia de unos desesperados hartos de todo. Ahora hay que seguir, ¿entiendes? Seguir.”

“No creo en este país —señaló las tropas—. Creo en nosotros, en Cataluña, pero no en España y en su mito arcaico, el resto del Imperio que fue y que no volverá a ser. España no existe, es una imposición. Tarde o temprano habrá una guerra civil. Catalanes, vascos, gallegos… Será como en 1714. Una y otra vez. Lo malo es que siempre ganarán ellos. No me preguntes por qué, pero lo sé. Siempre tendrán la fuerza, el odio, la creencia de superioridad, el poder de su maldita represión y el dinero suficiente para aplastarnos. Y yo no quiero estar aquí cuando esto suceda, ¿sabes? No quiero.”

pielRevueltaWeb

 

 

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